Fecha: Viernes, Agosto 26, 2016 - 10:32
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En Tokio, Haruhiko Kuroda, gobernador del Banco de Japón, acaba de reiterar que no va a descartar un "corte de profundización", Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, ha anunciado que "no es un fan de tasas negativas" y Thomas Jordan, presidente del Banco Nacional de Suiza, ha reafirmado su creencia de que su "enfoque actual", incluyendo tasas negativas, "es la correcta." Mientras tanto, Janet Yellen, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, dijo al Congreso en mayo que "mientras que [ella] no descarta por completo el uso de tasas de interés negativas," estas tasas serían un último recurso.

El drama y la división entre los banqueros centrales reflejan dos errores intelectuales que han distorsionado las discusiones de política monetaria. Estos son los mismos errores que llevaron a la demonización de la flexibilización cuantitativa como "no convencional" y por lo tanto peligroso, cuando en realidad funcionó más o menos como se esperaba en la reducción de los diferenciales de tasas de interés, el fomento de la compra de activos de mayor riesgo y el ajuste de la moneda.

Las tasas negativas resultarán universalmente menos aplicables, pero también han demostrado ser fiable y útil en los shocks. El primer error es creer que la mayoría de las decisiones financieras responderá de manera significativa a cualquier cambio en los costos de endeudamiento del gobierno. El segundo error es ignorar el contexto político. Las tasas negativas son sólo otra herramienta de política monetaria, son buenas para algunas situaciones y no para otros, sin misterio profundo o el drama.

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Fecha: Jueves, Agosto 25, 2016 - 16:32

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) confirma una nueva realidad comercial. Este es un acuerdo de última generación que busca conformar una zona de libre comercio en bienes y servicios entre 12 países. La notoriedad otorgada al TPP tiene que ver con su modalidad y alcance, ya que vincula a países que ya poseían tratados de libre comercio vigentes e incluye en sus 30 capítulos disciplinas de última generación –conocidas como OMC Plus y OMC X– no incorporadas hasta el momento en los acuerdos comerciales.

Otro aspecto que no puede desconocerse se refiere a las repercusiones geopolíticas. A través del TPP, Estados Unidos no solo logra sellar un acuerdo con Japón –su aliado en Asia-Pacífico para contener la influencia de China–, sino también logra acercarse a países que en los últimos años han profundizado su relación económica y comercial con China, como es el caso de Australia, Nueva Zelanda y algunos de los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. También han emergido otros acuerdos de porte incluso mayor, como es el caso de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) negociado entre Estados Unidos y la Unión Europea, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) liderado por China y que pretende alcanzar una zona de libre comercio nada menos que entre China, India, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y los 10 miembros de la Asean

Más allá del resultado final en cuanto a la incorporación del acuerdo, el solo cierre del TPP tiene consecuencias políticas de consideración para América del Sur. La primera tiene que ver con el futuro del sistema multilateral de comercio. El caso más destacado tiene que ver con la incorporación del comercio agrícola a las disposiciones multilaterales. La firma de acuerdos como el TPP tiene un impacto de consideración en términos de los incentivos para definir las estrategias de inserción internacional.

La Alianza del Pacífico no solo posee un óptimo nivel de preferencias comerciales negociadas bilateralmente por cada socio, acompañando los ritmos internacionales en cuanto a la suscripción de acuerdos, sino que también logró ser parte de los esfuerzos para consolidarlas o profundizarlas.

Pero, ningún miembro del MERCOSUR integra el TPP y tampoco ha suscrito acuerdos comerciales con Estados Unidos, la Unión Europea, ni con ninguna economía asiática. Para el MERCOSUR, el impacto es claro en términos arancelarios, perdiendo preferencias relativas en mercados de importancia comercial para el bloque. Este sería el caso de países competidores en el sector agrícola y agroindustrial como Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda que han mejorado o profundizado sus preferencias de acceso a los mercados de Japón y del Sudeste Asiático.

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