Un recorte agresivo de tasas combinado con un presidente de la Fed más dócil configuraría un entorno de dólar estructuralmente débil.
Los analistas llevan años equivocándose sobre el peso mexicano y todo apunta a que podrían volver a hacerlo.
El viernes pasado, la cotización del dólar cerró en 17.18 pesos, lo que implica una apreciación de 4.6 por ciento en lo que va del año y de 15.4 por ciento en los últimos doce meses. Si nos remontamos al inicio del sexenio de López Obrador, en diciembre de 2018, el peso acumula una apreciación de 12.7 por ciento en poco más de siete años.
La evidencia es contundente. En diciembre de 2018, la encuesta de Banxico situaba la expectativa del tipo de cambio para el cierre de 2019 en 20.59 pesos. En diciembre de 2024, con el dólar en 20.33, el consenso anticipaba un cierre de 2025 en 20.53. El resultado efectivo fue de 18 pesos.
Los pronósticos han fallado sistemáticamente, casi siempre en la misma dirección: anticipando una depreciación que no llega.
Para 2026, el patrón se repite. La encuesta más reciente de Banxico entre analistas sitúa la expectativa de cierre en 18.50 pesos, es decir, una depreciación de 7.7 por ciento en lo que resta del año.
Cada vez es más frecuente escuchar que la fortaleza del peso no tiene sustento. Quienes sostienen esa postura señalan el bajo crecimiento de la economía mexicana, los riesgos en finanzas públicas y la estrechez del diferencial de tasas frente a Estados Unidos.
Son argumentos atendibles. Sin embargo, también se ha generalizado un reconocimiento que resulta revelador: la razón principal de la fortaleza del peso es la debilidad del dólar. Y hay elementos para suponer que esa debilidad podría profundizarse.
El viernes se dieron a conocer los datos de inflación en Estados Unidos al mes de enero: 2.4 por ciento a tasa anual, la menor desde mayo. Este dato presionará a los integrantes del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal a considerar otro recorte de tasas en su reunión del 17 y 18 de marzo.
Si a eso se suma la llegada de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed a mediados de mayo, el escenario se vuelve aún más favorable para la debilidad del dólar. Aunque el historial de Warsh lo identifica como un halcón —alguien intolerante con la inflación—, persisten dudas sobre si resistirá las presiones de Trump para abaratar el costo de la deuda gubernamental, cuyos intereses ya superan al gasto militar de Estados Unidos.
Un recorte agresivo de tasas combinado con un presidente de la Fed más dócil configuraría un entorno de dólar estructuralmente débil.
¿Qué pasa con los factores internos? El bajo crecimiento y los riesgos fiscales de México son reales, pero hoy no alcanzan para contrarrestar la tendencia externa. El déficit fiscal mexicano sigue siendo manejable en comparación con otros; los flujos de inversión extranjera asociados al nearshoring continúan, y no se vislumbra un escenario de crisis financiera de mayor escala en el horizonte cercano.
El riesgo más severo sería la decisión de Trump de sacar a Estados Unidos del T-MEC. Sin el tratado, la incertidumbre sobre las exportaciones mexicanas podría provocar una salida abrupta de capitales y revertir de golpe la tendencia cambiaria.
Pero, lo ocurrido la semana pasada en el Senado y la posición de los principales organismos empresariales estadounidenses muestran que habría fuertes resistencias internas que limitarían ese margen de acción.
El escenario de abandono unilateral del tratado es hoy uno de los menos probables; en contraste, una renegociación compleja con cambios sustantivos se encuentra entre lo más verosímil.
La visita que hoy realiza una misión comercial canadiense a México es un buen indicador de la coordinación que empieza a dibujarse entre ambos países, a pesar de las estrategias distintas que han adoptado frente a Washington.
El tipo de cambio se ha convertido en una de las variables más difíciles de anticipar, sin duda. Pero los fundamentos que sostienen al peso son más robustos de lo que el consenso reconoce.
Quien apueste ciegamente contra la moneda mexicana podría, una vez más, terminar del lado equivocado del pronóstico.









