¡ AVISO ! Presentación libro Arquitectura Financiera: una genealogía (1850 - 2015)  18/09/2018  

Antecedentes

El feminismo ha mostrado que el modo de producción capitalista interactúa con el modelo patriarcal dándole una posición de desventaja a la mujer en el sistema económico. Por tanto, el concepto de patriarcado ha sido fundamental pues ha permitido entender la manera en que se produce una división del trabajo que se fundamenta en una jerarquización que estratifica el mercado de trabajo en función de géneros, etnias, clases y edad, (Quiroga, 2010).    Una economía feminista comprometida con los procesos de la región debe además construir pensamiento y acción, desde y con las experiencias económicas de las mujeres indígenas, afro-descendientes, campesinas y de sectores populares. Este es precisamente el horizonte de una economía feminista decolonial, que se produce desde el sujeto plural mujer. Las mujeres indígenas, afro-descendientes y de los sectores populares, tanto en el ámbito rural como en el urbano, han sido habitualmente tematizadas desde la subordinación o desde las “experiencias exitosas” de superación de la pobreza, ignorando los conocimientos de las llamadas economías comunitarias y sus aportes a pensar la interacción entre patriarcado y capitalismo.    Es de subrayar que abordando lo económico desde su lugar emerge por lo menos tres contribuciones centrales para la producción económico feminista. Por un lado, plantean que la inserción al mundo de trabajo esta cruzada por la clase y la raza; por otro, dan cuenta de prácticas económicas con lógicas distintas a las capitalistas. Tensionan la idea que el acceso al mercado de trabajo genera autonomía: porque su lugar subalterno hizo que estuvieran integradas al mercado laboral pero en condiciones de tremenda expoliación. Pensar la economía comunitaria desde el feminismo decolonial supone observar la complejidad de estas relaciones sociales, en donde el sentido de pertenencia y las interacciones colectivas que garantizan el bienestar de sus miembros no es necesariamente sinónimo de valores armónicos, igualdad, estabilidad y homogeneidad. La situación de las mujeres frente a muchas tradiciones patriarcales y situaciones de inequidad las lleva a afrontar dilemas asociados a la pertenencia, la cohesión social y la justicia. Un aspecto distintivo es que mejorar la situación de las mujeres supone más la autonomía para llevar a cabo su propio proyecto de vida, con un fuerte sentido de justicia, de la relación con los otros y en consonancia con la cultura, el territorio y los afectos.     La economía comunitaria es frecuentemente entendida desde los enfoques eurocentrados como el espacio de intermediación entre el Estado y las familias, o como sinónimo de sociedad civil. Estos abordajes ignoran que en vastas regiones de América Latina la relación dominante con el Estado ha sido de resistencia contra la expropiación de los territorios y disputa por garantizar las condiciones materiales y simbólicas de la vida. Por tanto, estas economías no pueden pensarse simplemente como los escenarios de mediación de políticas estatales tendientes al bienestar para sus ciudadanos. Partir de la pluralidad de vivencias sedimentadas en la economía: el feminismo ha contribuido a pensar el capitalismo y la experiencia de las mujeres en él, y de esa manera a problematizarlo. Por su parte, el feminismo decolonial ha venido reflexionando sobre la importancia de reconocer las distintas vivencias de la economía por parte de las mujeres, cruzadas por -la raza- la clase- la edad- la procedencia geográfica- para dar cuenta de que la inserción en la economía capitalista no es igual para todas las mujeres, pese a que hay una condición de desigualdad producida por el patriarcado.     Consolidar una economía no antropocéntrica: Uno de los principales retos epistemológicos que enfrenta una perspectiva feminista decolonial es la de reflexionar acerca de las implicaciones que tiene para la economía reconocer la unidad entre naturaleza y cultura, incluida la ética y las racionalidades que de allí se derivan, el lugar que ocupan las mujeres en este vínculo, su participación en los rituales, su reconocimiento como autoridades, y su papel y acceso a los saberes.