Un grupo de investigadores encendió las alertas tras detectar una transformación significativa en el sur del Océano Índico, una zona clave para el equilibrio climático del planeta. El hallazgo fue dado a conocer el 3 de febrero en la revista Nature Climate Change y advierte que el aumento sostenido de la temperatura global está modificando los vientos y las corrientes marinas, con efectos que van mucho más allá de esa región.
El estudio, liderado por especialistas de la Universidad de Colorado en Boulder, señala que en las últimas seis décadas ha llegado cada vez más agua dulce al sector meridional del océano, frente a Australia Occidental. Aunque podría parecer un detalle menor, esta variación altera el delicado balance entre el mar y la atmósfera, pieza fundamental para regular el clima mundial.
“Estamos observando un cambio a gran escala en la circulación del agua dulce a través del océano”, afirmó Weiqing Han, profesora del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas. “Está ocurriendo en una región clave en la circulación oceánica global”, comentó.
Uno de los datos que más llamó la atención fue la magnitud del fenómeno, según explicó el autor principal, Gengxin Chen, el volumen adicional equivale a incorporar cada año cerca del 60 % del agua dulce del lago Tahoe en esa zona marítima.
“Para ponerlo en perspectiva, la cantidad de agua dulce que fluye hacia esta zona oceánica es suficiente para abastecer de agua potable a toda la población de Estados Unidos durante más de 380 años”, señaló.
Este aumento no se debe a más lluvias locales. Las simulaciones y los registros históricos muestran que el calentamiento global ha cambiado la dirección y fuerza de los vientos en los océanos Índico y Pacífico tropical, redirigiendo corrientes que ahora transportan más agua menos salina hacia el sur.
De acuerdo con la investigación, cuando el agua del mar pierde salinidad, se vuelve más liviana. Esto provoca que las capas superficiales queden más separadas de las profundas, dificultando la mezcla natural que permite intercambiar calor y nutrientes. Ese “aislamiento” entre capas tiene consecuencias directas.
Los nutrientes que permanecen en el fondo tardan más en llegar a la superficie, donde el plancton (base de la cadena alimentaria marina) necesita luz y alimento para prosperar. Si esa dinámica se debilita, el impacto puede extenderse a peces, mamíferos marinos y, en general, a la biodiversidad oceánica.
Además, la menor mezcla impide que el calor acumulado en la superficie se distribuya hacia zonas más profundas. Esto intensifica el estrés térmico en ecosistemas que ya enfrentan temperaturas en aumento.
“El calentamiento actual ampliará aún más las reservas de agua dulce y ampliará la vía subtropical, lo que afectará el clima, el intercambio interoceánico y los ecosistemas marinos”, comenta la investigación publicada en Nature.
El fenómeno también se conecta con otra preocupación: la estabilidad de la gran circulación oceánica que funciona como una “cinta transportadora” planetaria.
Investigaciones previas habían advertido que el deshielo en el Ártico y en Groenlandia podría ralentizar ese sistema en el Atlántico Norte. Ahora, la expansión de esta reserva de agua dulce en el Indopacífico podría añadir más presión al conjunto del sistema.
El enfriamiento acelerado del sur del Océano Índico —producto de estos cambios en vientos y corrientes— se convierte así en una señal clara de lo interconectados que están los mares del planeta. Un ajuste en una región puede repercutir en patrones climáticos globales, lluvias, sequías y en la salud de los ecosistemas marinos.
Preocupación científica por cambio en el Océano Índico: alteraría el clima en el mundo y afectaría los ecosistemas marinos
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Desarrollo y medio ambiente









