Fecha: Jueves, Septiembre 29, 2016 - 14:21

Hace ya algo más de tres años se pronosticó que el TTIP tendría un impacto geopolítico de primera magnitud, y serviría para amortiguar en cierto modo el anunciado “pivote hacia Asia” de los Estados Unidos. Se esperaba que la negociación fuese sencilla y que antes del final del segundo mandato del presidente Obama se pudiese concluir con éxito. Pero no ha sido así. Al fin, la Unión Europea ha reconocido algo que parecía evidente: es improbable y no es realista cumplir el ambicioso timing que se planteaban las partes. ¿Por qué? La explicación radica en la progresiva complicación de las negociaciones.

Los anti-TTIP han influido en la opinión pública y también en la esfera política. Tanto es así que en las últimas semanas hemos visto declaraciones de líderes alemanes y franceses declarando que el acuerdo comercial no estaba listo o estaba, directamente “muerto”. Incluso, a finales de la semana pasada se llegó a solicitar por parte de Francia y Austria la paralización de las negociaciones y la reanudación de las mismas bajo otro nombre, dada la mala prensa que tendría ya el TTIP.

Aunado a esto, las dudas sobre hacia dónde irá el proyecto comunitario tras el impacto que tuvo la decisión británica de salir de la UE, junto con un calendario de citas con las urnas extremadamente complejo y agitado , donde además partidos que no comparten el clásico consenso pro-europeo tienen opciones reales de lograr avances muy significativos, entonces no podemos sino concluir que las posibilidades reales de que el TTIP se firme, al menos a corto plazo, son cada vez menores.

Fecha: Jueves, Septiembre 29, 2016 - 09:35

El TTP se ha negociado en cinco de América, dos de Oceanía y cinco de Asia, tres de los cuatro miembros de la Alianza del Pacífico(AP) se han adherido al TPP buscando una inserción más dinámica en la economía internacional. Los argumentos para ser parte el tratado en algunos países de la región refieren al aprendizaje, a la información y a evitar la exclusión. En la misma dirección se ha dicho que incorporarse al TPP permitirá ubicarse favorablemente para negociar nuevos acuerdos. Sin embargo, estas afirmaciones son expresiones de deseos que no cuentan con sustento teórico o empírico alguno.

Las críticas que se han dado al TTP son las siguientes: exceptuando a Japón, las principales economías de Asia (China, India, Indonesia, Pakistán, Corea del Sur) están ausentes, lo que significa una aproximación sesgada al continente asiático, se podría decir una aproximación antiChina. Abarca todos los temas que no lograron acordarse en la OMC, tanto tradicionales como nuevos (servicios, inversiones, compras gubernamentales, empresas públicas, propiedad intelectual) con consecuencias obviamente que van más allá del comercio y que significan un paso más hacia el debilitamiento del multilateralismo. El TPP pretende fundar el nuevo derecho internacional público abarcando muy especialmente a las regulaciones estatales.

En propiedad intelectual, el TPP apunta a aumentar los plazos de protección de los derechos de autor y de la reserva de datos, a un plazo de 12 años de exclusividad en el mercado de los medicamentos antes de permitir que otras compañías empleen las mismas fórmulas, para equiparar las reglas del TPP a la legislación estadounidense. Tal como dispone el TPP, las empresas estatales y los monopolios públicos no pueden discriminar en la compra y venta de bienes y servicios favoreciendo a las empresas nacionales. En un trabajo reciente de Petri y Plumer, del Peterson Institute (julio 2016) se indagan los efectos económicos que tendría el TPP sobre el comercio y el crecimiento del producto en los países socios o adherentes. Se calculó que el TTP aumentaría un 0.5% al producto en 2030.

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